Campo de amapolas

25 de mayo, 2017 - FANTASÍA - 2 Comentarios -

La leyenda de “Los Hombres Cámara”

               “Si no soñáis como niños… No entrareis en el mundo de la fantasía”

 

El pasado  Jueves día 11  hicimos una salida fotográfica los del turno de tarde del Club.  Esta vez tocaba ir a un campo de amapolas que habían visto cerca del monte Gurugù.

Daban lluvia así que nos subimos a los coches y pusimos rumbo a esa zona.

A mitad de camino se puso a llover a jarros. Los limpia parabrisas no daban a vasto. La verdad es que impresionaba esa manera de llover. Cuando llegamos al lugar había escampado. Aparcamos los coches y cogimos los chubasqueros y equipos fotográficos y anduvimos hacia las amapolas.

El paisaje era maravilloso. El agua recién caída, las nubes que lo cubrían todo y la luz tan mágica que había, hacían que se apreciase una atmosfera muy especial en el ambiente. Algo hizo que de repente se abriesen un poco las nubes dejando entrever una serie de rayos de luz que incidían en las flores creando bonitos contraluces que hacían destacar las texturas de las plantas y el color del campo incluido el camino de tierra que lo atravesaba de lado a lado.

Allí nos separamos y cada uno se dedicó a lo suyo. A hacer fotos, que es lo que nos gusta.

A lo lejos se veía un grupo de personas que debían hacer lo mismo que nosotros pues iban pertrechados con sus  cámaras de fotos.

Al poco rato me pareció ver algo extraño por el rabillo del ojo.  Va, no puede ser…

Levanté la mirada y muy cerca de mi estaban tres de ellos. Se me erizó el pelo, parecía que se salía de sus raíces. Un escalofrío recorrió mi lomo hasta la nuca. No tenían cara… Había desaparecido para dejar paso a un apéndice sólido con forma de cámara de fotos muy sofisticada.  Entonces, era verdad. ¡La leyenda de los hombres cámara! Era cierta. No puedo creerlo…   ¡Estoy viviendo una experiencia sobre natural!

Desde chico se hablaba  en las asociaciones fotográficas de  la existencia de unos personajes que eran tan amantes de la fotografía que gastaban en ella todo su tiempo, dinero y esfuerzos. Preferían cambiar de cámara antes  que de coche. Comprar una buena lente a  disfrutar  de unas largas vacaciones. La leyenda dice que a  aquel que haya dejado pasar una buena foto en su vida, se le uniría la cámara a la cara hasta perder sus rasgos identificativos por completo quedándose con   una cámara por cabeza,  para siempre. De esta forma podrían hacer las tomas  con mayor rapidez. Y los que no fueron capaces de hacer una buena edición perderían la cabeza,  literalmente.

Estarían malditos. Castigados a vagar por el mundo hasta que fuesen capaces de hacer una única foto que los redimiese.

A cambio se les dotaba con algunas habilidades sobrenaturales que les permitía controlar las nubes y las estrellas así  disponer de ellas a su gusto, para poder componer con mayor facilidad y no depender le las condiciones meteorológicas.

A modo de cacerías hacían batidas cargando con sus equipos en busca de esa foto que los liberase de su pena. Se organizaban en grupos cuyos componentes estaban especializados en algo en concreto.El Nubero, con su lazo certero  se dedicaba a mover las nubes de un lado para otro, con una magnifica habilidad.

 

El Estrellas llegaba con su escalera y colocaba  estrellas en el firmamento donde hiciese falta. Los días nubosos en que el Nubero tenía mucho trabajo, las bajaba unos metros para que no las tapasen las nubes.

El Impresor. Le montaban un chiringuito junto al camino donde imprimía y enmarcaba  las  fotos según  se iban haciendo. Con el objetivo de exponerlas en el mismo sitio como hacen los cazadores con sus presas.

Un poco mas allá estaba en plena faena el Tío Macro. Haciendo lo propio. Como el resto de los fotógrafos que estaban dedicados a sus distintos estilos.

También tenían a la Hurtadora, que se hacía dueña de las estrellas que se quedaban rezagadas porque tenía el convencimiento de que llegaría a un número importante de ellas para cajearlas por unos días de libertad en nuestro mundo.

Los que ya no tenían cabeza estaban acomplejados por que perdieron varios centímetros  de estatura. Por eso y para mejor salud mental se les permitía llevar sombrero, pero al no tener cabeza lo tenían que sujetar con un globo de helio. Con el problema de los inesperados pinchazos y posterior disgusto por parte del dueño que terminaba perdiéndolo la mayoría de las veces. Y les impedía el paso por zonas de alambradas o zarzales.

 

 

 

 

Lo que estaban viendo mis ojos tuvo que ser  algo que trajo  la tormenta y su aparato eléctrico. Debió abrir algún pasadizo entre su mundo y el nuestro.

 Completamente asustado y al pasar perfectamente desapercibido para ellos, me dedique a tomar el mayor número de fotografías que me ayudaran a darle credibilidad a mi relato. El problema vendría si intentase hablar con ellos. Cuentan que el que lo hace se descabeza al cabo de unas horas.

Las fotos ya las estáis viendo en mi blog. Espero que os gusten.

Recogimos nuestros equipos. Y nos despedimos  amigablemente de ellos.

 Pusimos rumbo a Alcalá  sin atrevernos a comentar nada de lo vivido esa tarde. Arturo me dejó en casa.

Habíamos pasado una jornada  intensa y estaba cansado. Cené y me eché una cabezadita.

 

Sonó el teléfono y me desperté súbitamente con el corazón a mil por hora empapado en sudor. Miré el  chat del grupo. Había  más de 20 whatsapp . Todos decían lo mismo. Alarmado  fui  corriendo a verme frente  al espejo. No podía ser… ¡Yo también había perdido la cabeza!

David de Luz
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26 de mayo, 2017
Genial relato ...e impresionante imagen!!!!
Maria Teresa Gutiérrez Barranco
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04 de agosto, 2017
Me han entusiasado el texto y las fotografías de tu relato sobre los HOMBRES CÁMARA.
Te felicito. Las fotos muy bien y acertadamente trabajadas en postró cesó, tal y como es habitual en ti, el texto cuajado de imaginación y teñido por la emoción de lo que te apasiona: la fotografía.
FELICIDADES POR TU TRABAJO Y TÚ MÁS QUE INTERESANTE BLOG.

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